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Albert Gordini

Hola, me llaman Albergordini y nací en el castizo barrio de Chamberí de Madrid a las 14:11 del 12 de junio de 1970. A esa misma hora, en el West Ham londinense, un grajo sobrevolaba a baja altura la casa de Steve Harris, futuro lider y bajista de Iron Maiden, que por aquella epoca rondaba los 13 años de edad. Al salir en direccion del local de ensayo junto a su amigo de la infancia Dave Murray su madre les gritaba desde la ventana del piso de arriba: “Steve hijo, ponte la chupa de cuero no vayas a coger frio en las pelotas, que ya sabes que luego esos catarros son muy dificiles de quitar”.

Albert GordiniAparte de esta pequeña anécdota que se supone debería haber marcado el resto de mi vida, durante la decada de los 70 mis influencias musicales vinieron desde dos sitios. Mi casa y mi colegio. En mi casa mis hermanos mayores, Jose y Luci, escuchaban discos hippies del tipo Camel, Supertramp, Pink Floyd y Triana. De vez en cuando les daba la rebolera y se pillaban algún disco de AC/DC y es entonces cuando se me movía el pie. No quiero decir que los discos hippies no me dejaran huella (es más, cuando escucho en la radio el ‘If you leave me now’ de Chicago se me caen dos lagrimones y de repente me viene un olorcillo a palulú). Tampoco quiero dejar fuera de estas lineas las tardes veraniegas con mis primos de Alomartes, Granada, donde la línea entre estar tocando música de Tuna y Deep Purple la delimitaba un botellín de cerveza Alhambra. Núnca olvidaré el poster que colgaba de las paredes del pajar con Ritchie Blackmore tocando su Fender blanca y con las patillas mas grandes que uno pueda imaginar . Mi primo Pablo, al que desde aquí mando un fuerte abrazo, me regaló su imitación de Fender y un pequeño ampli de 10W que hacía más ruido que el motor de un Dodge.

Albert GordiniLa otra influencia viene del colegio. Estudié a hostias durante 10 años en los padres Claretianos y es allí donde mi profesor de música, Vicente Balseiro, me enseñó a tocar la batería a base de ‘The Eye of the Tiger’.

Todos los miercoles una hora. Bombo. Caja. Bombo. Caja. Facilita. Esta base rítmica sirvió para mi posterior elección de instrumento, aunque no fue la más decisiva.Entonces llegaron los 80 y el otro que andaba por mi casa, mi hermano Luis que también iba conmigo al Claret, se pilló una guitarra española y empezó a grabarse discos de los Leño. Lo que son las influencias. Podía haber ido para jurgolista pero el pelo largo y el calimocho entró en mi vida.

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Es entonces cuando sigo más de cerca la estela a grupos como AC/DC, Iron Maiden y compañía. Como os podeis imaginar los posters con tios melenudos comenzaron a inundar las paredes. Mira que son feos los heavys. Bueno, al grano, me dió por coger la guitarra y empezé a imitar a los de los discos, y la verdad, para que vamos a engañarnos, si puedes tocar con cuatro cuerdas para qué vas a tocar con seis. El caso es que a mi lo de poner notas y aprendérmelas no se me daba bien y decidí que el bajo molaba más. Esta si fué la causa real de mi elección. He de decir que a día de hoy todavía no me sé las notas. Bueno si, creo que la gorda al aire es un Mi. Por eso, cuando Eddiegordini me dice “en Fa, en Fa, tócala en Fa”, yo me hago el longuis y hago que le entiendo. Como toco de oído, a las dos notas ya se por donde va y me incorporo. Llevo haciéndolo toda la vida y no falla. Bueno, algunas veces sí, sobre todo en los conciertos, pero como el 90% del público que te va a ver suelen ser hermanos y vecinos, y además llevan dos cervecitas encima, pues todos contentos.

Albert GordiniRetomo que me pierdo. Tras pasar unos años desafinando la guitarra de mi hermano para que sonara como un bajo, con las consiguientes collejas en mi cabeza, y tras aprender a imitar a Steve Harris hasta en la forma de poner los morros, empiezo a ahorrar como buen Quirantes y consigo mi primer bajo. Estamos hablando del año 90. Era un Aria Pro II blanco que me costó 30.000 pesetas. Un pastizal para la época.

Lo que no se muy bien es dónde lo enchufaba, porque ampli no tenía. Si mal no recuerdo era en la cadena AIWA del salón. Si, esa que todos teníamos metida en un armarito de madera negra con puerta de cristal. Otras veces lo enchufaba en un ampli Peavey de sintetizador que a veces mi hermano el hippie se dejaba por casa. Ahí si que sonaba bien.
Pasan unos años y así llegamos al 94. La primera prueba de fuego. Un amigo del barrio con el bolsillo fácil monta un concierto multitudinario en Pelayos de la Presa. El Akzidentz Grotesk Festival.

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14 grupos. Tropecientos mil Watios de luz y sonido. Y yo voy y me meto en un grupo. Pero no de bajista, de batería. Nos llamabamos The Gripping Brains. Los Cerebros Gripados. Un mes de ensayo es lo que tuvimos. Se suponía que tocabamos al principio, pero al final fuimos los penúltimos. El alcohol y otras cosillas no perdonaron al cantante que no tuvo su mejor noche, pero al final, como ya he dicho anteriormente, eso a la gente le da igual. De todo ello quedó un doble VHS Limited Edition muy preciado en las ferias de disco por su errata en la portada. Tras esta primera escaramuza empiezo a formar parte de la escena musical del barrio.

Albert Gordini Tras varios conciertos con los Grippin’s tocando como batería y ante el nefasto futuro que se vislumbraba ante nosotros, comienzo a contarle a todo el mundo que sé tocar el bajo y que además ¡me sé las notas! Así , y por fin como bajista, paso a formar parte de los inigualables ‘Antiarte ¡Qué Pasón!’, con los que doy un par de conciertos en las míticas salas Malasañeras ‘Al-laboratorio’ y ‘Madison Square Flowers’, dejando atras los bolos en cervecerias de barrio. Para entonces ya ganaba algún dinerillo y me pillo un bajo Cort verde veteado.

Nos metemos ya en finales de los 90 y es cuando en la agencia Saatchi&Saatchi se cruzan los caminos de los que serían los futuros Gordinis (en esta parte seguro que coincidiremos en varias biografías). Eramos Carlosgordini, el más gordo de los Gordinis, Alfongordini y Cesargordini. Empezamos a ensayar en Rock Palace, que desde entonces se convierte en nuestro templo donde desahogar nuestras frustradas carreras musicales a base de Dyc. En uno de esos ensayos nacieron los olvidados ‘Infumables’, banda desahuciada donde las haya, con sólo dos temas en su repertorio. Unos 25 minutos cada uno. ‘Give me the light’- (dame fuego que no tengo) y otro que no me acuerdo de su nombre. Pero no por ello no tuvieron su momento de gloria. Un concierto multitudinario de un solo tema en la Casa de la Moneda fue su legado. En que sitios mas raros toca uno. También por esa época y tras una tertulia mojada en licor de hierbas Cesargordini me pide que le acompañe a TotalPercusión a comprarse unas congas, que ya está hasta las pelotas me dice. Así es como nació una leyenda viva de la salsa. “¡Qué toque, qué toque. Y con el meñique encogido!” susurró el de la tienda a otro cliente.

Albert Gordini

Albert GordiniCon el devenir de los años las amistades crecen y así conozco a Alex, técnico de sonido en Eurosonic y que en ese momento se encuentra grabando unos temillas con unos amigos. Me hago el listillo y suelto un “esa la estais tocando en La sostenido ¿no?” con la consiguiente cara de “¿en La qué?”. Así es como nacen The Warehouse, grupo moña por excelencia, pero con un sonido y temas depurados que enamoraron a toda una generación de desengañados. Trifulcas varias entre los miembros del grupo, en las que yo me ví envuelto directamente, hacen que la banda se disuelva justo un día antes de entrar a grabar en estudio y por la ‘face’ lo que iba a suponer su primer largo. Intentaron retomar el camino con un nefasto bolo de terribles consecuencias para su ego. “Dios, que suplicio” fué la frase que salió de labios del técnico de sonido cuando me cruce con él al acabar la noche. Todos sabiamos que se había terminado. De esa época quedan unas muy buenas maquetas, la experiencia de grabar en un estudio con micros de los guenos, y el que se ha convertido en mi compañero inseparable. Un Fender Jazz Bass American Deluxe con el que la gente ya no se da cuenta de que no me sé las notas.

Desengañado del rock vuelvo al redil de los Infumables, pero como dos tetas tiran más que un gordo, me meto en la internet y leo un anuncio donde se busca bajista. En pocos días paso a formar parte de los incalificables Wakan. El nombre lo dice todo. Gente sería y maja donde las haya se convierten en mis nuevos hermanos del metal. Pero metal del raro, raro. Tres ensayos semanales durante dos años, varios conciertos, una maqueta y la aparición en el CD/DVD 10º Aniversario Rock Palace con una tremenda versión del ‘I stand tall’ de The Dictators son el legado de esta banda que, como muchas otras, acabó disuelta con sus miembros en busca de mejor fortuna y el típico “a ver si quedamos a comer un día”.

Albert Gordini

Y ahora, ¿qué? Tras ser ‘Road Manager’ por un día de Frida (gran grupo de la escena Malasañera), dejo pasar el tiempo. De vez en cuando los gemidos de mi preciado trozo de madera americana que suben desde lo hondo del trastero me recuerdan que el calimocho corre por mis venas. Y he aquí que un día me encuentro comiendo paella y tomando cubatillas en casa de Cesargordini cuando, de repente, surge un baile de juventud que más tarde se convertiría en el nombre otra gran banda.

Pero esa es otra historia y como dicen en mi pueblo “tiempo de fiebres, tiempo de liebres”.

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